Inicio » Clima » Desalinización: clave frente a la crisis hídrica global y los retos del cambio climático

planta de desalinización mundial

En los últimos años, los avances en desalinización de agua de mar están marcando el rumbo de la gestión hídrica a nivel internacional, presentándose como una de las alternativas más sólidas para afrontar la escasez provocada por el cambio climático, la sequía prolongada y la presión que experimentan los recursos continentales. Distintos países han apostado por el desarrollo de grandes plantas, combinando nuevas tecnologías y oportunidades de innovación tanto para el consumo humano como para actividades productivas clave, especialmente donde la lluvia y las fuentes tradicionales de agua no dan abasto.

La desalinización vive un momento de auge frente a una realidad cada vez más común en distintas latitudes: la menor disponibilidad de agua dulce y el estrés hídrico. Chile, por ejemplo, figura entre los territorios más afectados a nivel global por la sequía estructural, mientras que otras zonas como Senegal o la península arábiga llevan años trabajando para asegurar un suministro estable de agua potable sin depender de la pluviometría ni de acuíferos sobreexplotados.

Proyectos estratégicos: de África a Oriente Medio y América Latina

proyecto de desalinización internacional

Las inversiones en infraestructuras de desalinización aumentan año tras año, apostando por operaciones a gran escala y sostenibilidad. En Senegal, el reciente acuerdo entre el Gobierno y la empresa ACWA Power da luz verde a un proyecto sin precedentes en África Occidental, destinado a garantizar hasta 400.000 metros cúbicos diarios de agua potable para Dakar. Este plan, totalmente alimentado por energía renovable y estructurado en fases, refuerza la seguridad hídrica y el compromiso climático del país africano, con una inversión superior a 800 millones de dólares y una visión que apunta a una independencia real frente a las variaciones del clima.

Arabia Saudí es uno de los líderes mundiales en desalinización y sigue sumando nuevas plantas de gran capacidad, como la adjudicada en Jubail a Lantania y MGC, con capacidad para producir 600.000 metros cúbicos diarios mediante ósmosis inversa. El despliegue de este tipo de infraestructuras, vinculadas al plan Vision 2030 para diversificar su economía y asegurar recursos básicos, demuestra el peso estratégico que la desalinización tiene en países donde el agua es un bien extremadamente escaso.

En América Latina, Chile protagoniza un crecimiento notable en el número de plantas en operación y nuevos proyectos. Durante los últimos años, la minería ha encabezado la demanda de agua desalinizada, pero cada vez más sectores productivos y comunidades consideran esta solución indispensable. Actualmente, en el país hay ya 24 plantas operativas de gran tamaño y decenas de proyectos en desarrollo, que no solo abastecen a la industria minera, sino que también atienden necesidades urbanas y agrícolas.

Beneficios, retos y regulaciones para un futuro resiliente

La desalinización aporta seguridad, resiliencia y sostenibilidad en contextos donde la lluvia y los embalses no garantizan el suministro. Permite liberar agua dulce para usos estratégicos, conservar ecosistemas y proteger la competitividad de industrias clave para la economía. Desde el punto de vista social, representa una solución fiable para el abastecimiento urbano en zonas costeras y ciudades expuestas a la escasez.

No obstante, el desarrollo de la desalinización enfrenta varios desafíos. Aunque la tecnología es cada vez más eficiente y las innovaciones permiten reducir el consumo energético y tratar mayores volúmenes, los aspectos regulatorios, ambientales y financieros suponen retos a resolver. La tramitación de permisos puede retrasar la puesta en marcha de nuevos proyectos durante años. Además, controlar los efectos sobre el entorno marino sigue siendo una prioridad: la descarga de salmuera y la captación de agua de mar requieren estudios y diseños avanzados para minimizar el impacto sobre las especies y el medio ambiente costero.

Expertos y responsables del sector insisten en incorporar criterios de adaptación climática en la evaluación y planificación de los proyectos, así como en generar modelos de financiación mixtos que permitan la entrada de capital público y privado. La experiencia internacional muestra que marcos regulatorios estables, incentivos a la inversión y la integración de la desalinización en estrategias amplias de gestión hídrica son factores decisivos para su éxito a largo plazo.

Experiencias y perspectivas en la región

La expansión de la desalinización en Chile, impulsada por la Asociación Chilena de Desalinización y Reúso y empresas como Hídrica WRC, evidencia un enfoque cada vez más integral: las soluciones deben contemplar tanto la gestión de cuencas como la resiliencia climática territorial. En el ámbito minero, proyectos como Los Pelambres, Collahuasi y la planta de Codelco marcan el paso, adoptando tecnologías para duplicar o incluso triplicar la capacidad de tratamiento de agua de mar.

Por otro lado, el despliegue de nuevas plantas también ha motivado la aparición de proveedores con soluciones energéticamente eficientes, capaces de optimizar el bombeo y reducir el coste operativo. Innovaciones como motores de última generación o diseños inteligentes de captación y vertido de salmuera resultan clave para aumentar la sostenibilidad ambiental y la competitividad del sector.

El papel de las administraciones públicas, la colaboración en modelos de concesión y el ajuste de los marcos normativos son, según los especialistas, las herramientas que permitirán que la desalinización llegue a nuevas áreas y beneficie a más usuarios.

Finalmente, renovar las redes de abastecimiento y los sistemas urbanos es fundamental para garantizar que el agua producida llegue en condiciones óptimas a la población. La gestión adecuada de tarifas y la infraestructura asociada también juegan un papel importante, como señala la Agrupación de Servicios de Agua de Catalunya.

La desalinización como herramienta de adaptación a la crisis hídrica continúa creciendo, impulsada por la innovación tecnológica, la inversión y la colaboración multisectorial. Aunque persisten desafíos regulatorios y ambientales, la tendencia muestra que el recurso puede convertirse en un pilar estratégico para garantizar el acceso al agua en diferentes regiones, especialmente donde la disponibilidad convencional disminuye.