Durante las últimas décadas, el mar Mediterráneo ha experimentado un calentamiento sin precedentes, situándose como una de las regiones marinas más vulnerables al cambio climático. Las altas temperaturas registradas este verano están provocando récords históricos en las costas españolas, francesas e italianas, y la comunidad científica advierte que estos episodios extremos han dejado de ser una excepción para convertirse en una tendencia preocupante. Este fenómeno no solo afecta a los ecosistemas marinos, sino que también tiene consecuencias directas sobre la salud, el turismo, la pesca y el riesgo de incendios forestales.
De norte a sur y de este a oeste, los termómetros en el Mediterráneo están superando las expectativas. Los datos de boyas y estaciones meteorológicas muestran cómo cada semana se rompen nuevos máximos históricos, y aunque se esperan leves descensos puntuales, la tendencia general apunta a veranos cada vez más largos y cálidos. En este contexto, las aguas cálidas se asemejan ya a las del Caribe, y fenómenos como las noches tropicales y las tormentas violentas son cada vez más habituales en nuestras costas.
Récords históricos de temperatura en el mar
Este año, el Mediterráneo ha batido varias marcas históricas. La boya de Dragonera, en Baleares, alcanzó 30,99 °C el 1 de julio, superando los registros habituales para un mes de junio y acercándose peligrosamente al récord absoluto de 31,87 °C del verano de 2024. En la costa valenciana, las temperaturas también han sido excepcionales: el 4 de julio, la boya de Valencia marcó 28,92 °C, valores más propios de agosto que de mediados de verano.
Según los informes del Servicio de Cambio Climático Copernicus y la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), la anomalía térmica en el Mediterráneo occidental ha llegado a superar los +7 °C en zonas concretas, especialmente en el litoral sur de Francia y parte del levante español. Todas las boyas de la red española han confirmado máximos individuales para el mes de junio, una situación sin precedentes en más de un siglo de registros.
Un mar que se calienta más deprisa que el resto del planeta
El Mediterráneo se caracteriza por ser una cuenca cerrada y poco conectada con el Atlántico. Esto, sumado a su localización geográfica, facilita un calentamiento mucho más rápido: la temperatura media de sus aguas ha subido entre 1,4 y 1,6 °C en los últimos 40 años, mientras que el ritmo de incremento desde 1980 es de unos 0,4 °C por década, el doble que la media global de los océanos.
Las series históricas muestran que desde 1997 todos los años han registrado anomalías positivas, y desde 2005 las olas de calor marinas se han duplicado en frecuencia y duración. Los veranos tienden a ser cada vez más extensos y cálidos, desplazando y acortando la primavera y el otoño.
Impactos sobre la salud, el clima y la vida marina
Las consecuencias de este calentamiento acelerado son numerosas y afectan a diferentes aspectos de la vida en la cuenca mediterránea. Las noches tropicales —con mínimas por encima de los 20 °C— son cada vez más frecuentes, dificultando el descanso y aumentando el riesgo para la salud en personas vulnerables, como mayores, niños y enfermos crónicos. El incremento térmico también favorece el desarrollo de olas de calor atmosféricas, prolonga las sequías, incrementa el riesgo de megaincendios y altera el efecto regulador de las brisas marinas, haciendo las noches más calurosas y húmedas.
En el plano meteorológico, el Mediterráneo caliente proporciona más humedad a la atmósfera, potenciando fenómenos como las tormentas intensas y las lluvias torrenciales. Los expertos advierten que la presencia de una DANA puede desencadenar episodios de precipitaciones extremas e inundaciones repentinas.
Desde el punto de vista ecológico, los ecosistemas marinos están bajo presión. El calor excesivo provoca mortalidades masivas en especies como corales, algas y moluscos, además de favorecer la aparición de especies invasoras, la acidificación del agua y la degradación de praderas de posidonia. En zonas puntuales, hasta un 80-90 % de la biomasa de corales emblemáticos ha desaparecido tras olas de calor sucesivas.
Repercusión en la economía y la sociedad
No solo los ecosistemas marinos sufren las consecuencias del calentamiento del Mediterráneo. Sectores como el turismo, la pesca y la agricultura se ven amenazados. La migración y pérdida de especies afecta a la rentabilidad del sector pesquero, mientras que la mayor frecuencia de noches cálidas puede disuadir a determinados visitantes y alterar la dinámica turística.
El incremento de la temperatura del mar también contribuye a la aparición de fenómenos meteorológicos extremos —como tormentas, inundaciones o incendios forestales— que impactan directamente en infraestructuras, áreas rurales y el bienestar de la población.
¿Qué esperar para el final del verano?
Ante este escenario, los picos máximos de temperatura marina suelen darse entre agosto y septiembre. Los últimos datos muestran que ya se están alcanzando temperaturas propias de pleno verano y no se descartan nuevos récords en las próximas semanas si la situación atmosférica persiste.
Científicos y organismos internacionales insisten en la importancia de avanzar en modelos climáticos más precisos, sistemas de alerta temprana y herramientas de inteligencia artificial para anticipar y mitigar los efectos del calentamiento marino. Adaptarse a esta nueva realidad es ya una prioridad para las comunidades costeras.
Los registros actuales reflejan cómo el mar Mediterráneo se ha convertido en uno de los puntos críticos del calentamiento global, con consecuencias visibles en la biodiversidad y en la vida diaria de las comunidades costeras.