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Paisaje afectado por incendios forestales

El verano, además de ser sinónimo de vacaciones y ocio, trae consigo riesgos importantes asociados al calor extremo y la sequía. Entre estos peligros destaca especialmente el aumento de la incidencia de incendios forestales, un fenómeno que afecta tanto a nuestro entorno natural como a la población. En las últimas semanas, España y otros países del área mediterránea han experimentado un repunte de grandes fuegos en bosques, montes y zonas rurales, obligando a movilizar numerosos recursos de emergencia para contenerlos.

A lo largo del territorio español, se han vivido varios episodios críticos en los que la rápida propagación de las llamas y las difíciles condiciones meteorológicas han puesto en jaque a bomberos, militares y protección civil. Los daños materiales y ambientales han sido cuantiosos, y en muchos casos ha sido necesario evacuar a cientos de personas para garantizar la seguridad.

Principales causas y motivaciones de los incendios forestales

En nuestro país, los responsables de la extinción de incendios deben detallar en los informes oficiales qué motivó el comienzo del fuego. Las causas pueden ser intencionadas o accidentales, y entre las motivaciones detrás de los fuegos provocados figuran desde prácticas tradicionales (quemas agrícolas o ganaderas), conflictos por propiedad o beneficios económicos, hasta venganzas personales o razones desconocidas.

El análisis histórico de los partes de incendios revela que más de la mitad de los fuegos provocados tienen una causa no identificada. Sin embargo, las quemas agrícolas suponen la mayor parte de los incendios intencionados de los que sí se conoce el origen, seguidas de cerca por las prácticas ganaderas, que son responsables de una gran proporción de superficie calcinada cada año.

Extensión del daño por incendios forestales

En la actualidad, la mayor parte de los datos consolidados sobre incendios forestales solo está disponible hasta 2017, aunque algunas provincias mantienen información más reciente. Los motivos predominantes detrás de los incendios intencionados continúan siendo, en los últimos años, similares: quemas tradicionales o por motivos aún por esclarecer.

Grandes incendios recientes en España

Durante las últimas semanas, se han producido incendios de notable magnitud en diferentes puntos del país. Destacan especialmente los fuegos de Méntrida (Toledo), Navaluenga (Ávila), Ibi (Alicante), así como otros siniestros en Palencia, Córdoba, Extremadura y Andalucía.

En el caso de Toledo y Ávila, la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha sido fundamental. Más de 350 militares y numerosos medios técnicos han actuado de manera simultánea para controlar los focos. Méntrida alcanzó el nivel 2 de emergencia, afectando a varias localidades y forzando desalojos y el corte de vías principales. En Navaluenga, el fuego se propagó con rapidez y motivó la evacuación de viviendas, pero gracias a la colaboración de fuerzas de distintas regiones, la situación se estabilizó progresivamente.

En el entorno de Ibi, en Alicante, el avance de las llamas llegó a zonas protegidas como el parque natural de la Font Roja. El despliegue de medios aéreos y terrestres, junto al trabajo de los equipos de extinción, sirvió para controlar el incendio y evitar daños mayores.

Otros episodios relevantes incluyen el incendio registrado en el poblado de Cíjara, Badajoz, que obligó a evacuar a unas 440 personas y calcinó unas 2.500 hectáreas de terreno, y el de Fuente Sauco (Toledo), que provocó la evacuación de una urbanización y el nivel 2 de alerta por riesgo a infraestructuras y humo.

Sistemas de emergencia y coordinación interinstitucional

La coordinación entre cuerpos de bomberos, protección civil, UME y autoridades autonómicas y estatales es esencial para el control de los grandes incendios. Ejemplo de dicho trabajo conjunto se puede observar en el despliegue de recursos del Plan Infoca en Andalucía o la activación de planes de emergencia a nivel provincial y autonómico en Castilla y León y Castilla-La Mancha.

La agilidad en la respuesta y la flexibilidad en el mando operativo han sido claves para contener situaciones particularmente complejas, como las vividas en los fuegos de este verano. Además, la tecnología, desde drones hasta sistemas aéreos de vigilancia, ha contribuido a mejorar la eficacia de las labores de extinción.

Situación internacional: incendios en Europa y los Balcanes

El problema de los incendios forestales no es exclusivo de España. Grecia ha registrado en los últimos días un importante incendio en la región de Corinto, con más de 1.200 hectáreas de bosque calcinadas y la evacuación de más de 2.000 personas. Las altas temperaturas y los fuertes vientos han dificultado el control, afectando también a las infraestructuras locales.

En otras zonas de Europa, como los Balcanes y Turquía, la ola de calor extrema ha propiciado numerosos fuegos. Macedonia del Norte, Albania y Montenegro han contabilizado decenas de focos activos, con actuaciones conjuntas de bomberos y fuerzas armadas. Turquía, por su parte, combate incendios especialmente virulentos en regiones de Anatolia Central y el Mármara, con temperaturas récord y condiciones meteorológicas adversas que han causado varias víctimas entre los equipos de extinción.

Prevención, autoprotección y sensibilización

Con la llegada de las altas temperaturas, las autoridades insisten en la necesidad de extremar las precauciones para evitar nuevas tragedias. Las acciones de prevención son fundamentales, tanto en el ámbito rural como en el urbano. Se recomienda no realizar quemas no autorizadas, evitar arrojar objetos inflamables en el campo y respetar las restricciones de acceso a zonas forestales durante las olas de calor.

Asimismo, la formación y la información resultan decisivas para actuar correctamente en caso de emergencia. En comunidades como el País Vasco se han reforzado los planes de actuación y la coordinación entre administraciones, así como las campañas de sensibilización y formación sobre incendios en centros educativos.

El impacto de los incendios forestales trasciende la pérdida de masa forestal: afecta a la biodiversidad, el entorno rural y la salud pública. La experiencia reciente pone de manifiesto que la colaboración ciudadana, la implicación de servicios públicos y la aplicación de nuevas tecnologías resultan determinantes para proteger personas, bienes y naturaleza frente a esta amenaza creciente.